Porque, siempre, soy la ciudad. Porque no hay recoveco, callejón, restaurante, plaza pública, olor, noche o día, parque, sabor, circunstancia, palabra, bebida, tus sitios, la puerta de tu casa, mi ropa abandonada, lluvia o sol, calor o frío, el silencio que te rodea, mi ropa abandonada y las preguntas sin respuesta.
Porque soy para tu siempre, irremisiblemente.
Soy la pausa eterna.

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