Sabina
A través de tu sexo siento tus doce años, tus siete, tus treinta y cinco, tus cincuenta y ocho; cuando te tomaron de la mano por primera vez y apresaron los senos, la molestia de tu sexo ocupado por un objeto extraño a tu cuerpo, esa sensación que no pierdes, que te gusta. Dámelo, que me arda, que me lastime, dámelo duro como si me odiaras.
Sé de tus dolores de cabeza, tan frecuentes, de las miradas que dejas caer en las braguetas calculando lo que hay, de tus exhibiciones de perversa consumada, hasta de los hombres que ya has olvidado. No paras de hablar, no paras de describir venas, cabezas, leche, grosores, longitudes, mientras te vacías convertida en llave abierta, mar abierta.
Yo ya no puedo, estoy adolorido, es imposible eyacular. Me bajo de ti, pides más. Aunque ya duermes hay tres de tus dedos jugando a satisfacerte. Quiero despertar con una larga, gruesa y dura verga dentro, quiero que el dolor me saque de los sueños, que un temblor de tierra me sacuda. Pronuncias un nombre que no es el mío, y enseguida dices que lo amas.
Texto: Saudade, fragmento.
