Ya no me funcionan las artimañas
tampoco la esperanza
se han descompuesto los santos
y todos los milagros.
¿Dónde pongo el odio sordo?
Servicio de fotografía. Móvil: +52 1 5584837044, mar_vaz@live.com.mx.
Ya no me funcionan las artimañas
tampoco la esperanza
se han descompuesto los santos
y todos los milagros.
¿Dónde pongo el odio sordo?
A través de tu sexo siento tus doce años, tus siete, tus treinta y cinco, tus cincuenta y ocho; cuando te tomaron de la mano por primera vez y apresaron los senos, la molestia de tu sexo ocupado por un objeto extraño a tu cuerpo, esa sensación que no pierdes, que te gusta. Dámelo, que me arda, que me lastime, dámelo duro como si me odiaras.
Sé de tus dolores de cabeza, tan frecuentes, de las miradas que dejas caer en las braguetas calculando lo que hay, de tus exhibiciones de perversa consumada, hasta de los hombres que ya has olvidado. No paras de hablar, no paras de describir venas, cabezas, leche, grosores, longitudes, mientras te vacías convertida en llave abierta, mar abierta.
Yo ya no puedo, estoy adolorido, es imposible eyacular. Me bajo de ti, pides más. Aunque ya duermes hay tres de tus dedos jugando a satisfacerte. Quiero despertar con una larga, gruesa y dura verga dentro, quiero que el dolor me saque de los sueños, que un temblor de tierra me sacuda. Pronuncias un nombre que no es el mío, y enseguida dices que lo amas.
Texto: Saudade, fragmento.
Amanecer a tu lado, cubriéndote o dentro de ti: parecía una falacia, fantasía, ideal de amor.
... pero hemos
descubierto que leímos el mismo libro, escuchamos la misma melodía y vimos la misma película de amor:
acurrucados entre los vapores de una tarde lluviosa atrás del ventanal, lejos
de cualquier materia del exterior.
Y de pronto nos encontramos en el borde de la navaja sin saber que perderíamos el equilibrio y caeríamos en lados diferentes. El día de hoy, justo en la mesa familiar, pienso en ti: fruta abierta, amor que se despierta en la hora en que los demonios nos empuja uno contra el otro en un vaivén de cuerpos que tragan almas.
A fin de cuentas nos convertimos en el pulposo interior de un infierno que consume, la locura del olor a frutas cerca de pudrirse.
Eres de lo peor:
pornográficamente exacta para mí.
Texto y saudade: Éric Marváz.
Niño, niñito mío… soy mala, mala porque te vas a poner mal… yo… yo no te quiero… ¡Sí! Te quiero. Mi niño, estoy muy enamorada de ti, y vas a irte, vas a crecer y vas a olvidar a la mujer ésta. Conocerás a otras y las pondrás por sobre la vieja que te quiere tanto. Te amo Mi niño. Ahora que te vayas la puerta… ¿no ves? La calle va a tragarte y yo, y las mujeres, las perras… ellas. ¡Ay, Mi niño! ¡Perdóname, Mi niño! Olvida todo lo que pasó. ¡No! …. Olvida lo que te estoy diciendo, que yo te quiero mucho: pero te vas a ir. Me odio. Mi niño, nunca voy a perdonarme esto. Tú tampoco. Te vas y no hay nada que se pueda hacer, hubiera querido ser tu puta por el resto de mi vida. Nadie me acarició con tanto cariño, nadie supo besarme, nadie. Tú, con tus quince años de menos, vienes a ponerme loca de amor, y lo valoro más. Al irte te me vas a llevar el cuero, Mi niño. Soy estúpida… ¿qué, si me gustas tanto?, además, tus manos suavecitas y los ojos
¿Que nadie me ha
querido?, olvídalo. Ven Mi niño, hazme un orgasmo rapidito y vete… mañana se
verá.
Fragmento de la novela: Mariposas Negras.