Sólo cenizas
¿Qué decía yo de las pocas palabras que quedaban?
Ni te conozco mujer pero te tuve alguna vez.
En las horas en que el insatisfactorio fantasma de ti se pasea por el estudio, susurra algunas cosas a mi espalda, dando por resultado el equívoco hacer de las cosas. Pongo erróneos materiales, caen de mis manos recipientes, enredo el cable del motor eléctrico, despedazo algún trasto. Triste, trato de restaurar trozos de historias sensuales que no tenían salvación. El lodo se escurre por entre los dedos y no responde a mis manos ni a mis deseos, se transmuta de un torso a una visión desastrosa de un cuerpo mutilado, de un rostro a una máscara deforme, de tu sexo a una sutura eterna; de ahí el dolor, de ahí el entender.
No eres exacto lo que quiero, simplemente eres tú con tus desdobles e intenciones, con tu vida hecha en la locura de estos tiempos. Por eso el barro no me obedece. No tengo ningún control de nada.
El abuso constante de invocarte por las noches me tiene en un sopor perpetuo, en un estado de dormir despierto. Es ese sentido de no tener sentido el que no me deja caer. Evoco tu belleza de piel húmeda y blanca, el olor de barro de tu entrepierna de satín, tus ojos fulgurando en la penumbra del baño.
Y en imaginarte se van las horas vivas.
Marváz
3 comentarios:
Qué bonitas y qué expresivas las imágenes que aparecen. El fantasma de ella paseándose por el estudio, el lodo escurriéndose por entre los dedos de él, la nostalgia, la melancolía… Y, desde luego, la fotografía tan sensual, que no sé si será por estar acompañando a este texto, pero a mí me transmite también algo de nostalgia.
Me ha encantado la entrada, como siempre, y me ha hecho recordar la frase de un libro de Ruiz Zafón: No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió.
Besos.
Y en el principio de los tiempos
me naciste así, como hierba,
te descubrí sin querer
en mis terrenos áridos.
Pronto sentí tu extender de raíces
y el verdor de vida se te hizo presente.
Llamaste las lluvias con tus ramas
y me mojé la piel a veces.
Llenaste de vida mi suelo resquebrajado.
Regaste en mí tus hojas secas
y dentro mío te nacieron unas nuevas
y tus cambios me fueron enamorando.
Cada tarde me cantaste amor
al dejar pasar el viento por tus ramas,
nunca me pareció más hermosa mi propia piel
regadas por lluvias de tu flor.
Sigue viviendo dentro de mí
seré yo, tierra fértil.
Sólo para que vivas en mi desierto,
a la orilla de la tierra.
me excita pensar que él le dobla la edad
y que se trastocó en las horas de vigilia por el imán de su entrepierna
p.s. gran foto!
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