noviembre 16, 2010

X (de mujer)

X en Y

En la cognitiva conducta de las hormigas se nota un desorden poco usual. Algunos lo atribuyen al viento del norte, otros al próximo cambio de estación y unos más a la tormenta que se avecina y seguro ha de llegar.

Yo; el que sabe nada, el semi perdedor de todas las batallas, el guerrero que nunca avanza a las primeras líneas de combate; las veo en su traje lustroso haciendo recorridos con afán sorprendente, con tanta vitalidad que por momentos parecen desbordarse, ignorando toda capacidad de organización. Presiento lo contrario. Dentro de su, aparentemente, errático andar, acarician la tierra. Los círculos interminables que siguen, son rodeos cariñosos a los montes de arcilla café, pequeñas protuberancias con bordecillos saltados que recuerdan claramente a un pezón, femenino, con su aureola. Podría pensarse en una “O”, podría. Se dejan divagar por divisiones circunspectas de reveladores matices, arrastrando consigo trozos de hojas verdes recién cortadas, van caminado en tes, sí, como la letra “T” y yo te pienso, así como antes: cocinando mientras bordeo tu tanga blanca, la dibujo y la desdibujo en tanto la tinta escurre de tu incontinencia. Eso imagino. Hay un vientecillo helado que corre, eso hace suponer que la conjunción de elementos da para todo, es decir, habrá cambio de estación que marca la entrada de una onda que viene del norte porque habrá tormenta. Quisiera entrar a la casa y observar todo desde ahí, no lo hago, no lo hago pues te supongo asomada al ventanal (ahí soy nada, porque recuerdo, más o menos, una de tus citas favoritas que algo dice de que nadie puede detener la imaginación de una mujer que observa por la ventana; entonces me atemorizo y pienso si alguna vez quisiste dejarla volar a mi lado); era lindo, después de todo, tu perfil recortado por la luz de los relámpagos enmarcado por los largos goterones de lluvia en los cristales. Mejor sigo las rutas de las hormigas.

Esos cabrones levantes, monzones, nortes (o cualquier punto cardinal de donde provengan), o soplos de corazón, hacen de los días de tu ausencia, ventiscas tristes cargadas de saudade. Y se te extraña, y se alucina que las hormigas hacen letras que a su vez hacen palabras, que consiguientemente forman cartas que terminan con un Te amo estampado como firma.

Me gusta pensar que estamos (no importando donde reposemos) bajo el mismo meteoro que se va gestando.



1 comentario:

Shang Yue dijo...

yo alucino mirando el mar
en el juego de la olas
picadas
o planas
pero siempre sinuosas

...

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