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marzo 16, 2017

Nos...

Ámbitos tristes de nostalgia. 

Lo inalcanzable, lo inasible del tiempo, lo magnífico de la distancia. 

Las tres la tarde en un hotel abandonado, donde se cuece a fuego lento el modo de matar el tiempo (¿matarse a tiempo?), pensando en lo que pudo y no. 

Ganas inmensas de dormirse de tajo, sin despertares, sin absurdas saudades, sin pena de dejar la vida, de olvidar pasillos que alguna vez fueron de fuego. 

Nos hemos perdido, peor aún: te he perdido como pierdo casi todo: la niñez: la vertical: mi opio: los deseos de venganza. 

Lástima, porque en la venganza radica la eternidad.





Modelo: Ansar.
Foto y texto: Marváz.

mayo 22, 2014

Saudade (Capítulo XIII: Tus pedazos)


Se me quedó la mala costumbre de buscarte entre las putas, por eso no desentono en esta penumbra de las cuatro de la tarde. Jueves de corpus. Los bares que me gustan son escabrosos y oscuros como tu mirada: callejón peligroso y sin fin. Más que buscarte te armo, paliativos tontos, papirolas de pájaros ardiendo, frutas de plástico cochambroso y descolorido. Trato de ser cortés con esas mujeres, las alabo mencionando tu recuerdo, haciéndolo encajar, obligándolo a entrar, forzándolo aunque llore o patalee; imaginando que te despedazaste y caíste sobre las putas del mundo. Perdona si te pongo en sus bocas, en los senos, en las nalgas, en su nombre, en su lascivia o incluso en su avaricia. Perdona si les pago con dinero y no con la sumisión que me es característica, ¿de verdad disfrutaste hacerme menos?

Ahora mismo tus piernas sostienen un torso largo, indefinido, serán las cervezas y el cigarro y lo oscuro y las cortinas rojas y el labial barato; cada trago que me trae, la de tus piernas, recorre los pasos que se nos quedaron pendientes, de la barra a la mesa, de oriente a poniente, del vidrio de los vasos al polvo de vidrio que me perfora la panza. No importa: me gustan tus piernas de mujer pública y desconocida.

Te has desperdigado en partes, fatídicos días de un machismo que destaza.



Foto y texto: Marváz





marzo 11, 2014

Saudade (Capítulo XII: Nacer muerto)


Orillada, empujada, expuesta.

Mi voz era tu constante: 

“Tu lugar es otro. A veces pensamos que aquí estás bien, pero yo te veo enjugando con las puntas de los dedos el tiempo, somatizando la tristeza que te asalta, observando qué pasa del otro lado de la ventana; quieres volar. Y lo mejor, o peor, es que te comprendo. Guardo silencio ante tus evoluciones y mi corazón es una bomba programada. Tu cuerpo no se cansa de reventar, de llenarte de vida por todos lados, te explota los labios como granadas de septiembre y los destina a un goce amatorio de proporciones épicas. Pobre de mí y de todos los que hemos podido aspirarte el tufo de sudor, gobierno déspota y tiránico que te sale de las coyunturas, del bosque tropical colocado en tu entrepierna, de la inmensa llanura que es tu piel; tan suave, montaraz, cargada de constelaciones lunares. Estudio tu caminar de animal en cautiverio. El departamento te queda pequeño, traerte aquí ha sido como enjaular esperanzas aladas; sonríes de medio lado y escurres mi semen viejo por entre las piernas sólidas, quizá pensando en lo poco que te mojó esta vez. Toda tú eres invitación. Casa abierta, río templado, molusco oloroso, bola de algodón, semillas de girasol, boca de granada en septiembre, ¿para quién más, para quién?”

Los consejos que te di debieron nacer muertos.



Modelo: Aydeé Bravo
Foto y texto: Éric Marváz

julio 09, 2013

Saudade (Capítulo VII: Dogma)


Ahí está lo cotidiano, esperando, sentado en un sillón vencido de brocado café, manchado por el tiempo: raído. Uno se columpia en el almanaque, convencido de la certidumbre por largo tiempo, acomodado en una cierta compasión; hasta que se va. Y el sillón se rompe con un estruendo parecido a  un hueso roto, y la duela se hace añicos, la cortina se rasga, yo me apolillo.

No hay más todos los días.

Se acaba el vino guardado para la ocasión especial, saltan filosos segunderos sin orden, los libros gotean letras desde sus repisas, mi ropa es un cuerpo accidentado sobre la alfombra, los dedos un eclipse, una erupción. Extraño lo mismo de siempre. Los dogmas me resultaban tan cómodos como la almohada, ¡con lo que me costó amoldarla a las pesadillas nocturnas!

Suena otra vez a las mismas seis de la mañana, bebe a las once tu café, escribe las notas consabidas de media tarde, juega con el remoto de la televisión, despereza a los helechos al caer la noche. Por favor no dejes que se nos acomode la sorpresa, mi corazón no está preparado para los sobresaltos. Juguemos a que todo sigue normal.





Texto y foto: Marváz

marzo 19, 2013

68 (19-mar-13)



Por Éric Marváz
Estas tardes cálidas, extrañas, te doy de beber de mi boca; adormecida aceptas licores y caricias. Mi torpe olfato busca tu entrepierna; la punta de la lengua, las orillas de encaje; mi deseo, la tela humedecida. Sudamos profusamente, nos confundimos en el mismo afluente, hacemos un delta lúbrico que se precipita en cascada por las orillas del colchón, nos fundimos en el mismo vapor alcohólico, somos las gotas que se vuelven humo, alcanzan el cielo raso, y caen después en una lluvia tropical. Nos convertimos en vaho, lluvia, cascada, sudor, sal líquida. 

Tú y yo somos el ciclo de la vida.

febrero 16, 2012

Saudade (Capítulo IV: Callar)



La cobardía es asunto de los hombres no de los amantes.


Silvio Rodríguez













¡Qué absoluta fuiste en los minutos de la noche!

Durante los momentos en que te pienso, sin lamerme las heridas, escribo frases que son lisas y cálidas como tu piel. Deshago y rehago fantasías a la luz de las lámparas públicas, tú recordarás cómo se metían por la ventana para hacerte un amor clandestino a media noche. Es probable que nunca te lo haya confesado, pero en mis masturbaciones diarias, pensaba en ti como la más retorcida de las que conocí. Así te arrastré a la exhibición pública, al incesto, al vendaval de la lujuria por plazas y lugares desiertos. No estaba tan lejos de la realidad, eso creo, aunque ahora lo negaras sé de sobra quién eres. Sin lamerme las heridas, supongo que estarás abierta y sonriendo, gozando sin pensar en mí, haces bien: no soy digno de fantasía alguna, ni de pasión siquiera; no te confíes. Mis elucubraciones siempre están al desborde, copa con agua que danza en las orillas, sol que acaricia tu espalda, magia que te transmuta en platillo compartido. Si tú supieras cómo te pienso, te vaciarías en gritos desesperados aun cuando nadie te tocara.

Certera es la palabra lengua en tu palabra vulva.

Cualquier día nos encontramos y te cuento algunas perversiones.

Modelo: Sabina
Foto y Texto: Éric Marváz


enero 16, 2012

Saudade (Capítulo I)


De esas lluvias que no se declaran, que van dando vueltas y vueltas antes de caer, con vientos suaves que sumen a uno en tristezas pobres; pobres porque no son realmente tristezas. Son una mezcla de cielos grises que se aprecian desde la sala de estar, donde veo estrellarse los recuerdos contra la ventana, dentro del aislamiento impasible de media tarde, abrazando alguna prenda tuya, suponiendo que de pronto empezará un diluvio torrencial en que los cristales, abrumados de tantas gotas de agua, van a reventar… mas no. Nada pasa. Apenas un sonido suave de plas plas, plas.
Ha sido un sorpresivo alejamiento, tanto que los vestigios aún andan a paso lento por todas las habitaciones, se revuelven en las esquinas, y se sientan a observar, igual que yo, las impensables lluvias de invierno.
“Te fuiste en el peor momento. Justo cuando empezaba a mutar en lo que tú querías, justo cuando empezaba a dejar de ser yo.”
El modo en que me mirabas me traspasaba como vientos de levante.
Caía lentamente en esos lagos que son tus ojos, daba brazadas, me sumergía hasta donde aguantara la respiración, dejaba que el cuerpo se me lubricara en la claridad de los espejos de agua, llenos de lirio verde, con manchones cafés de tierra sólida.
El mirarme era una orden precisa.
Planetas y astros celestes girando a tu alrededor, el viento jugueteando con tu cabello, los huracanes retumbándote en el pecho, tus mareas golpeando mi cadera entre gemidos que resonaban igual a avalanchas de nieve, terremotos feroces dentro de tus senos altivos, y el meteoro más brutal: la sangre agolpándose en tus labios perfectos. Te extraño inmensamente: en cada acera, parque, suspiro con olor a nicotina subiéndome por la nariz, cada rayo partiendo la oscuridad y los recuerdos.


Modelo: Xiluén
Foto y texto: Marváz






noviembre 22, 2011

Peregrinar, viajar, ir al pasado.

Tus fotografías viejas, de color carcomido y de bordes despintados, las que te retratan (estatua de alabastro, piel de leche), son un lugar secreto. Rotura de tiempo de donde escurre la ambrosía, goteo lento y substancioso, generador de ondas en un suelo vibrante vuelto espiral interminable que respira. Desde el fondo te observo. Te espero con la espalda apoyada en una oscuridad sólida, al final de ese túnel brillas tú, y sonríes con esos labios de fruta negra. Hipnotizas con movimientos de estelas suaves, haces ventiscas de anhelos con las pestañas.
Soy el voyeur de imposibles. Te ansío sin querer que vengas a este tiempo. Hace mucho que dejé de estar.







Modelo: Verónica Peregrina
Fotos y texto: Éric Marváz

octubre 25, 2011

Estelas



Me has pasado casi como un remordimiento,
                 grabada en un sol impertinente de media tarde,
con tus reticencias,
con el deseo.

De pie te ves hermosa,
con tus rotundidades en su mejor momento,
y también los labios…
                   los labios de sabor a fruta.
Cómo te brilla la piel,
cómo sujetas mi sexo,
cómo me mojas.

El aire se vuelve denso con un sabor marino,
quizá el calor,
de expandir cuerpos.

Es un gusto paladear tu boca.
Te beso y mis manos incontinentes recorren tu cuerpo,
yo me vuelvo de agua,
                                                 escurro.

Los  momentos son fugaces
          (pensé)
años después te invoco en mis dedos,
y en la punta de la lengua
que a veces delecta tu nombre.


Modelo: Dita R
http://www.morvozmodelos.blogspot.com/
Foto y texto: Marváz

mayo 24, 2011

Regresando al Eros...



En alguna fantasía, no apta para alguien como yo, te pensé fumando en una penumbra cómplice. Sumido en sombras dejé escurrir alguna que otra frase escrita, pero no te las decía a ti, eran urdimbres  frágiles dedicados a tu boca o a tu cuerpo nervioso, parecidos quizá a súplicas endebles para que no te fueras.
Indúcete a una noche iluminada de navegaciones por los imposibles, que como ya he dicho, son mi carta de presentación. Indúcete a ensoñaciones torpes de colores iridiscentes. Indúcete a que no soy yo y sí quien tú quisieras.
El tren no es más que una máquina del tiempo que te lleva a otra época, a un lugar inaccesible para mis dedos insomnes, lejos de lo poco que podría decirte. Y las comisuras… con gotas de miel aglomeradas, han de quedar en un estado latente, semillas por germinar, hojas vacías en espera de mis disparates.
Si algo he de significarte, no te acabes el cigarrillo, no te despidas, aunque cada sonido pronunciado por mi boca vaya lubricando las vías que te llevarán a quien sabe dónde.

Texto y foto: Eric Marváz




mayo 07, 2011

Espejo de arcilla

Espejo de arcilla

Viene a ser la tercera vez en los últimos tiempos. Despierto bañado en sudor y dentro de la certidumbre de que estuviste aquí. Eras tú. Lo sé por tu forma de virgen de panteón. Las manos delicadas pero fuertes, el cuello largo con manchas de tiempo u oxido, el rostro bellísimo enmarcado por escurrimientos añejos, quizá nostalgias y soledades, ¿quién se ha preocupado por lo que quieres tú?, ¿acaso no todos te rezan pidiendo por tus favores? En la penumbra voy al baño, lavo mi cara, la mojo más bien. Hago aspavientos con las manos frente al espejo tratando de secar la piel y barba. Mis cuarenta años parecen muchos más, el rostro es la máscara que me sostiene los fracasos y las perversiones, mira cómo estoy.

¿Eres todas mis vidas o todas mis muertes? Me seduce en exceso la forma en que me miras desde donde estás, desde ese lado oscuro en que apenas puedo definir tus formas, con el olor a tierra de no sé qué lugar, dueña de tu frialdad. Viento que se me cuela hasta los huesos. Igual que las veces anteriores me niego a volver a la cama (para saborearte, sumido en la penumbra). Sonrío un poco, todo tiene un camino trazado, será por eso que enciendo un cigarro que me acerca, por lo menos, cinco minutos más a ti. No puedo evitar el sentimiento de euforia.

Foto y texto: Marváz



abril 20, 2011

RIP

Visiones del fin del mundo



Contrario a lo que había pensado, esta noche tampoco he muerto.

Porque, he de decir, que a veces tengo la sensación de haber colgado las últimas palabras en mi cabecera y que el calendario se me detendrá el martes menos indicado; sin embargo despierto o sigo sin dormir, vivo. Así que mis deudos tendrán que esperar, también alguno de los círculos del infierno, y el seguro de vida seguirá siendo una inversión inútil. Soy alimento para mis congéneres antes que de los gusanos. Tendrán que tener un poco de paciencia los que quieren decir, qué bien que ya se lo cargó la chingada, y los que mentirán: qué bueno era.

Desisto de morir hoy, quizá mañana.




Foto y texto: Marváz






marzo 24, 2011

Bucca III

Dita R

Dices -Prométeme que si quieres algo más me lo pedirás

Observo tu boca…

aún vibra por las palabras pronunciadas. Pende como gota a punto de precipitarse, satín humedecido, apertura de tu alma cuando me comes, hipnótica en su modo de sonrisa, puerta a la lujuria cuando la congelas para mí. Igual que esas fotos, las que pusiste debajo de mi almohada, las que en lugar de apresar los sueños los ha liberado todos. Transito por tus descuidos. Rodeándote con mi instinto de lobo, saboreándote desde la distancia, lamiéndote a la lejanía, montándote de frente…

digo -No voy a pedirte nada, lo que haya de pasar es una conversación entre mi piel y la tuya.


Foto y texto: Eric Marváz




marzo 17, 2011

Vino de beber


Porque no te tengo, porque las manos que cantaban sobre la partitura de tu piel se han quedado mudas, porque al buscarte no estabas.

Las arrugas de tu espacio vacío, las de la ropa de cama, pronostican las madrugadas solitarias bañadas de lágrimas silenciosas; hacen premoniciones de la desventura desde donde te llamo, apenas respaldado por el eco burlón de tu desaparición. Puedo dibujarme en esa situación, metido en horas apesadumbradas, flotando sobre un son oaxaqueño de esos tristes, viento que se toca en los entierros, en un pueblo teñido de café por tierra finita e irrespirable.

Ante los recuerdos, procuraré que tu luna tiemble a cada una de mis mareas, que tengas un insomnio romántico, es decir… que te sientas un poco triste sin saber por qué, que de alguna sombra construyas un apetito insaciable, que la piel que te cubra se vuelva frases de mi súplica, que la tímida venganza de mis deterioros vaya acomodando el vino (que no bebimos) entre tu piel y la de él, de él que no hace más que adorarte en tus cavilaciones y que se pregunta, insistentemente, quién será el siguiente.



Texto y foto: Marváz

febrero 08, 2011

Epílogos y causas del Tiempo que no te tuve...



Vas teniendo la culpa de lo que pasa. Tú la tienes por no venir sola. Siempre llegas acompañada de evocaciones, de luces de colores que danzan por tu cabeza y con el pecho lleno de suspiros que no guardan sincronía. Tienes la culpa también por meterme a lugares llenos de añoranza, como sacados de otro tiempo, igual a película muda de tonos ocres. Confieso que hay momentos en que veo rasgaduras de tiempo por las esquinas (allí van goteando líquidos que me hacen pensar en la humedad de tu boca y quiero paladearla). Algo argumentas de tener miedo de mí. Poco entiendo, poco, quizá por mi renuencia a escuchar lo que no quiero.

Cuando se nace carnívoro la salida no existe, aunque haya ciertos momentos de paz en los que se poetiza sobre el vaho del baño, en los que se va escribiendo sobre folios que han de romperse, en los que uno se comporta como un caballero del dieciocho o antes… irremisiblemente llega la luna llena; entonces es imposible guardar las composturas, uno es predador y ya.

Conservo la capacidad de elección, no es sólo instinto y hambre: quiero tu carne, la tuya.

 
 
Foto y textos: Marváz
 

enero 06, 2011

Aquí me tienes (para variar: fragmento)


El terror de que las situaciones se descompusieran aún más fue lo que la puso en la piedra del sacrificio, aunque no perdió la oportunidad de decirle que sería por única vez y que ya no podría volver a buscarla; él aceptó pensando que, pasado algún tiempo,  se le arrojaría a los brazos convencida de que no habría hombre mejor para compartir la vida.

El amor escurrió por las manos, la piel, las palabras y por todas las sábanas que se tiñeron del olor inconfundible de la entrega: almizcle y ternura en las dosis exactas.

Ella se sintió como jamás pensó, pero la conducta de él en los últimos días la convencieron de no ceder tan rápido, ya después, ya después. Lo buscaría y trataría de contener esos ímpetus salvajes de recién salido de la cárcel. De momento le dio la espalda y no respondió a ninguna pregunta ni requerimiento, ya después, de momento quería hacerle saber que no significó nada aquél encuentro.

Foto y texto: Eric Marváz


Consiga el relato completo mandando un mail a: mar_vaz@live.com.mx

noviembre 16, 2010

X (de mujer)

X en Y

En la cognitiva conducta de las hormigas se nota un desorden poco usual. Algunos lo atribuyen al viento del norte, otros al próximo cambio de estación y unos más a la tormenta que se avecina y seguro ha de llegar.

Yo; el que sabe nada, el semi perdedor de todas las batallas, el guerrero que nunca avanza a las primeras líneas de combate; las veo en su traje lustroso haciendo recorridos con afán sorprendente, con tanta vitalidad que por momentos parecen desbordarse, ignorando toda capacidad de organización. Presiento lo contrario. Dentro de su, aparentemente, errático andar, acarician la tierra. Los círculos interminables que siguen, son rodeos cariñosos a los montes de arcilla café, pequeñas protuberancias con bordecillos saltados que recuerdan claramente a un pezón, femenino, con su aureola. Podría pensarse en una “O”, podría. Se dejan divagar por divisiones circunspectas de reveladores matices, arrastrando consigo trozos de hojas verdes recién cortadas, van caminado en tes, sí, como la letra “T” y yo te pienso, así como antes: cocinando mientras bordeo tu tanga blanca, la dibujo y la desdibujo en tanto la tinta escurre de tu incontinencia. Eso imagino. Hay un vientecillo helado que corre, eso hace suponer que la conjunción de elementos da para todo, es decir, habrá cambio de estación que marca la entrada de una onda que viene del norte porque habrá tormenta. Quisiera entrar a la casa y observar todo desde ahí, no lo hago, no lo hago pues te supongo asomada al ventanal (ahí soy nada, porque recuerdo, más o menos, una de tus citas favoritas que algo dice de que nadie puede detener la imaginación de una mujer que observa por la ventana; entonces me atemorizo y pienso si alguna vez quisiste dejarla volar a mi lado); era lindo, después de todo, tu perfil recortado por la luz de los relámpagos enmarcado por los largos goterones de lluvia en los cristales. Mejor sigo las rutas de las hormigas.

Esos cabrones levantes, monzones, nortes (o cualquier punto cardinal de donde provengan), o soplos de corazón, hacen de los días de tu ausencia, ventiscas tristes cargadas de saudade. Y se te extraña, y se alucina que las hormigas hacen letras que a su vez hacen palabras, que consiguientemente forman cartas que terminan con un Te amo estampado como firma.

Me gusta pensar que estamos (no importando donde reposemos) bajo el mismo meteoro que se va gestando.



septiembre 27, 2010

El tiempo que no te tuve (Fragmento)

Como un solo de sax: el olor


"-Tienes una pésima suerte de no estar. Sin imaginar como estoy.

Lo sabrás cuando vuelvas de… ¿dónde andarás? Importa poco y mucho a la vez, importa desde que te colaste entre la tela del encaje y la piel, de ella he de hablarte; tan acostumbrada a los desplantes de… no hay caso mencionarlo. Mi piel despierta después de haber dormido por años, lo he notado, por las noches con mayor magnitud. Las que siguieron a tu asalto ¿O qué fue eso? Sigo. El olor es lo más notorio después de todo el día de andar de aquí a allá huelo a selva tropical, a bosque y a sudor, a mí naturaleza. Podría quedar todo ahí, pero no… es como si de pronto hubiera canela en el campo, canela sembrada. Después he descubierto que mi pasión huele a canela florecida cuando pienso en ti: el Ávido. Mi piel es cálida y azarosa. Cálida porque la he tocado varias veces desde esa ocasión, me estrecho entre mis brazos y sí: soy cálida, piedra de río al sol, así; azarosa porque no sabes dónde te puede llevar, del destino para ti. Adorarás tocarla aún por encima de la ropa.

¿Tú sabes cómo es la soledad acompañada? Yo sí. A veces es tan intensa que tienes que pararte ante el espejo para cortejarte a ti misma por lo menos. Estos días ha sido diferente. Soy distinta: la mujer más bella de la tierra, ese poder me conferiste y tengo la necesidad de explorar.

Te contaré.
 
Me desnudo a trazos de pincel, una parte ahí, otra allá y me observo, lo hago a veces con un poco de ciencia mientras pienso en la vitalidad de éstas caderas para dar a luz y esas cosas. La necesidad de explorar me sobrepasa y el olor a canela asciende cual infusión puesta a fuego lento. El volcán… tú sabes de cual hablo, se…

No esta vez. Ahora no es momento de que lo sepas… ni mi número siquiera. Quizá después ¿Habrá un después?

Por ahora eres el alimento de mis sueños-"

Me duele la cabeza y todo apunta a un engaño.



Marváz



Compilado en la maravillosa página de Susana Moo:
 
http://www.susanamoo.com/2010/09/12%c2%ba-relato-erotico-presentado-al-juego-%e2%80%9c%c2%bfque-tengo-entre-las-piernas/#comments
 
 

marzo 22, 2010

Crónicas del porqué nos has abandonado...





Jueves 4



Llueve.

Parece una bolsa negra que se agita con las ráfagas de viento. Entorno los ojos y está ahí, en un cruce de Insurgentes: una rata negra. Es grande y sangra por partes, la piel se le ha roto; trata de alcanzar una orilla.

El tráfico es una masa compacta e inerte.

Un policía la mueve con el pie, la rata insiste en cruzar el arroyo vehicular, después le da un puntapié. Rueda. Tres metros salpicados de rojo. El policía ríe. Los autos avanzan. Las gotas de sangre van marcando el camino de mis pensamientos.



Viernes 5


Media noche.

Bebo rápidamente. La maldita costumbre de acabarme el mundo en el fondo del vaso nunca se me va.

Reminiscencias:
                                    la puta triste bajo el paraguas.

No para de llover, no hay clientes, no hay dinero; sólo una lluvia lastimosa que parece no acabarse nunca. Las piernas delgadas y desnudas no se abrirán este día pero le sirven para sostenerle las ganas de morirse.



Sábado 6


Eje central.

Cinco de la tarde. El bullicio se esparce con pedazos cortantes, la gente pasa sin ver, van rompiéndose los lazos humanos. Todos sin mirar buscan caprichos superfluos, algún objeto que no saben para qué quieren, a alguien que se descuide. Voy tratando de disimular el penetrante olor a alcohol que me cubre.

Mentalizo un solo de saxofón, construyo una cinta de sonido para esta pésima película ¿Quién se interesaría por éste que soy?

Los gajos de asfalto comienzan a supurar.



Domingo 7


Su cara se va llenando de mi desesperanza. Le digo que estoy bien, que es pasajero… pero en el fondo de la retina me nota la verdad. Yo trato de divertirla, de ir al cine, de decir cosas graciosas: es inútil. Su rostro refleja un cansancio poco común. No encuentra la forma de ayudarme.

Quiero decirle que soy una causa perdida, que no es ella, que mis bajas de ánimo no tienen que ver con su cuerpo o rostro.

Soy mi propia nostalgia, discúlpame, no hay más. Ya vendrán buenos días...

                                                                                                                   aún en mi papel de sombra.



Lunes 8


La ciudad huele a mierda de perro.

Inundaciones, ¿quién tuvo la conciencia a la hora de tirar basura, de permitir esos asentamientos?
Calles en pésimo estado, ¿quién se quedó con el dinero?
Asaltos, ¿quién dirige las corporaciones policiacas?
Droga, ¿quién de la política está inmiscuido?
Prostitución, ¿quién consolaría a los solitarios?
Dinero, ¿quién se lo está robando a manos llenas, quién hizo de él juez y parte?

Violencia contra la mujer, ¿cuándo olvidamos de dónde venimos?

Todo sigue inexorable. La ignorancia tan temida se ha vuelto madre, los males se han salido de esa caja de pandora: leemos la nota roja, escuchamos canciones sin sentido, vemos la pésima televisión, ¿hasta dónde llegaremos?, ¿dónde hemos llegado ya?

Bebo la octava cerveza de la tarde y miro las piernas de la mesera, su estrecha cintura, los senos pequeños... después el rostro desencajado.

Soy una de esas células malignas.



Martes 9


Voy cayendo en un sueño suavecito, dócil, amargo. Siento el cuerpo pesado. Miro mi reflejo de ojos sin brillo, ¿cuántos espejos cambiaré por oro? El brazo me arde y tengo unos pocos recuerdos de haber rodado de una escalera alta, terrible, sin fin; apenas pude asirme, estiré la mano y mis piernas respondieron de modo torpe ¿Debí dejarme alcanzar el fondo?, ¿que tal un golpe seco para acallar las voces de mi cabeza?



Miércoles 10


Los recuerdos son un afluente de cosas que ya no tengo. La calle donde viví de niño es una caverna oscura; mis amigos, los familiares, no son otra cosa que desconocidos que me miran tratando de reconocerme. Yo voy aferrándome a un sinfin de reminisencias, de burdas fotos que observan desde la frialdad del pasado. Persigo lo anterior en pasos hacia atrás. Doy dos y me devuelvo uno, todo con intención de no conocerme completo, hay un miedo implícito.

Mojo mis manos en el chorro de un agua turbia, sigo pensando en que no debí de salir de esos ocho años; convierto la historia en un charco de agua lodoza, reflejo tambloroso, mis rasgos cafés me revelan cierta identidad.... lo demás no lo comprendo.



Jueves 11


Golpes secos en el pecho.

Despierto tratando de jalar aire, estirando los brazos buscando el pasamanos de esa escalera eterna, mis inofensivos músculos son de gelatina, los dedos tiesos no logran cerrarse sobre el tubo metálico, caigo de espaldas mirando un cielo plomizo, a punto de llover.

Parece el vacío.

Caigo, caigo, ruedo. La orilla de un escalón golpea mi hombro derecho que se abre descomunalmente. El tejido de la unión de huesos es sorprendente: bisagras de metal blanco. Cualquiera diría que flanquean una puerta, para mí van cerrando mi destino.

Un sonido de metal sin engrasar me acompaña al fondo.



Viernes 12


Salgo a la calle en medio de un ruido aterrador, no tan grave, nomás aterrador. Digamos que estamos acostumbrados a vivir con eso. Cambio los sonidos naturales por una retroexcavadora a mis espaldas, los cláxones que suenan perforándome la conciencia, alguien gritando improperios, también los motores suenan sin sentido.



Allá una sirena.

Una ambulancia quiere abrirse paso,
me gustaría detenerla:
mis ganas de seguir se están desangrando,
tienen una abertura en el pecho,
yacen bajo la sombra de un árbol
que también quiere secarse.





Marváz









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