Espejo de arcilla
Viene a ser la tercera vez en los últimos tiempos. Despierto bañado en sudor y dentro de la certidumbre de que estuviste aquí. Eras tú. Lo sé por tu forma de virgen de panteón. Las manos delicadas pero fuertes, el cuello largo con manchas de tiempo u oxido, el rostro bellísimo enmarcado por escurrimientos añejos, quizá nostalgias y soledades, ¿quién se ha preocupado por lo que quieres tú?, ¿acaso no todos te rezan pidiendo por tus favores? En la penumbra voy al baño, lavo mi cara, la mojo más bien. Hago aspavientos con las manos frente al espejo tratando de secar la piel y barba. Mis cuarenta años parecen muchos más, el rostro es la máscara que me sostiene los fracasos y las perversiones, mira cómo estoy.
¿Eres todas mis vidas o todas mis muertes? Me seduce en exceso la forma en que me miras desde donde estás, desde ese lado oscuro en que apenas puedo definir tus formas, con el olor a tierra de no sé qué lugar, dueña de tu frialdad. Viento que se me cuela hasta los huesos. Igual que las veces anteriores me niego a volver a la cama (para saborearte, sumido en la penumbra). Sonrío un poco, todo tiene un camino trazado, será por eso que enciendo un cigarro que me acerca, por lo menos, cinco minutos más a ti. No puedo evitar el sentimiento de euforia.
Foto y texto: Marváz
1 comentario:
tus letras y tus imágenes forman un todo difícil de separar
será por eso que te veo fumando ese cigarrillo, fascinado por la euforia del momento
(me gustan mucho los hombres que fuman, tienen una cadencia arrebatadora)
(y me gusto lo de virgen de panteón, maravilloso de verdad)
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