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marzo 16, 2017

Nos...

Ámbitos tristes de nostalgia. 

Lo inalcanzable, lo inasible del tiempo, lo magnífico de la distancia. 

Las tres la tarde en un hotel abandonado, donde se cuece a fuego lento el modo de matar el tiempo (¿matarse a tiempo?), pensando en lo que pudo y no. 

Ganas inmensas de dormirse de tajo, sin despertares, sin absurdas saudades, sin pena de dejar la vida, de olvidar pasillos que alguna vez fueron de fuego. 

Nos hemos perdido, peor aún: te he perdido como pierdo casi todo: la niñez: la vertical: mi opio: los deseos de venganza. 

Lástima, porque en la venganza radica la eternidad.





Modelo: Ansar.
Foto y texto: Marváz.

noviembre 15, 2016

He mutado...

Aunque no lo sabía.

Abandoné la cámara hace algunos años, no por culpa de ella, mi mirada se había perdido: estaba distante. Entre ella y yo había una especie de amor, ya saben: ver televisión, reír continuamente, consensuar, compartir muy buenos momentos, la comida y la sal, llamarse de vez en vez, dormir juntos, luchar por sobrevivir. 

El veintiocho de octubre anterior desperté con la mente sobre ella. Una pasión desmedida que me ha hecho desempolvar mucho más que el equipo, fue un golpe, un choque eléctrico, la sapiencia de cuánto he cambiado a través de los años. Ganas de piel, no de amor, de dejarse ir aunque no haya fondo.

(La luna no se ve, se siente. Fue lo que pensamos.)

Soy un pedazo de brasa que se niega a morir por muy fría que esté la madrugada.

Por San Judas.
(19 minutos desde la primera toma hasta la cuadragésima segunda. Me ha gustado la mutación.)














Foto por Éric Marváz.

noviembre 04, 2016

Voyeur.

Lo sabes…

Miro por cualquier rendija de tiempo. En tu ausencia recurro a los viejos trucos de la memoria, a las artimañas de traerte.

Pienso en ti como en mí.

Estático, sin respirar, sudando profusamente, te mido y eres del tamaño de mis perversiones.

Masturbándome me acabo tu piel en viajes de miradas.


Modelo: Mónica Montalvo.
Foto y texto: Marváz.














diciembre 03, 2015

Incólume...



Tengo un poco de dolor en los huesos.

A través de los años se comprende que uno no es de las aves que saben cruzar el pantano y salir incólumes, soy un pajarraco con huellas de mil batallas y lodo de todas las ciénagas por las que ha sobrevolado: casi sin plumas. No sé. Es probable que le perdí el miedo a la muerte y poco a poco le voy perdiendo la vocación… o viceversa. Son días extraños. El trago de licor pierde su consistencia y las contradicciones,  eso es como matarse en un accidente de avión sin haber dejado jamás el suelo. Aún quedan las palabras calibre cuarenta y cinco, disparadas a destajo entre furibundos cadáveres y gobiernos asesinos; amartillar y poner una lápida y otra bajo odios heredados de una raza que nació para extinguirse, después de acabar con el mundo. Se viene aquí con esperanza pero es difícil salir de un terreno lleno de minas y vallado con púas, si se logra escapar, no queda más que un cuerpo desollado que respira burbujas rojas y estertóreas. Es  mejor quedarse quieto, agazapado en un rincón, con la espalda pegada a la pared, intentando escuchar los murmullos de la habitación contigua, aspirando lentamente arena, acabándose la última vuelta del reloj.

     Inevitablemente voy comprendiendo a los homicidas de sí mismos.

Foto y texto: Marváz

julio 15, 2014

Saudade (Capítulo XIV: Incorruptible)



Despierto con el sabor a alcohol en la boca, hace tanto tiempo, no sé si veniste o te soñé. Huele a ti, pero mi olfato va deteriorándose, ¿eras tú?, voy de mal en peor sin cuestionarme demasiado. El corazón también necesita un reposo. Ni cómo ayudarle, es necio, obsesivo, incorruptible; aunque menos que mi cabeza, y menos que la memoria de mis manos en tu cuerpo.

    No te miento. A veces se me revuelven los recuerdos, ¿eras tú? Creo que estábamos en un autobús, quizá era un viaje escolar o algo así, pasaron más de muchos inviernos, tantos que ahora mismo hace el frío de todos ellos juntos. Teníamos como doce años, ¿te acuerdas? Es que es difícil pensar cuando se tiene frío, o cuando las manos están secas y torpes, y tú… tú estabas tan joven, tan prometedora, metida en tu falda a cuadros sobre esos muslos tan carnosos. Puerta al paraíso, y al insomnio eterno. Y tu boca de beso que, hasta el lunes pasado, sigue siendo una media luna de terciopelo rojo.

    Recuerdo…

   Eran las cinco de la tarde. Los asientos disponibles escaseaban. Venías del lado de la ventanilla. Junto a ti había un joven apuesto a quien no recuerdo. Miraste hasta mi alma a través de mis ojos. Me invitaste a sentarme con ustedes. Puse las nalgas en tus piernas y mis pantorrillas en las piernas de ese que no recordamos quién era. El autobús se paralizó en el tiempo. Todos se quedaron estáticos. Tú dejaste de moverte. El viento dejó de soplar. Una gota de sudor que iba a resbalarse de mi frente se congeló. La sonrisa se te quedó grabada en una invitación. Yo me quedé a mis doce años para siempre.

   Tus muslos latían debajo de mí, duros, suaves, brillantes, morenos, cálidos. Sin poder contenerme los toqué. Fue un segundo. Después todo se movió a su ritmo normal. Por eso esta noche estoy solo y no sé si estuviste aquí, ¿eras tú?


   Y la putas ganas de volverte a tocar que no se van.


Foto y texto: Marváz

marzo 11, 2014

Saudade (Capítulo XII: Nacer muerto)


Orillada, empujada, expuesta.

Mi voz era tu constante: 

“Tu lugar es otro. A veces pensamos que aquí estás bien, pero yo te veo enjugando con las puntas de los dedos el tiempo, somatizando la tristeza que te asalta, observando qué pasa del otro lado de la ventana; quieres volar. Y lo mejor, o peor, es que te comprendo. Guardo silencio ante tus evoluciones y mi corazón es una bomba programada. Tu cuerpo no se cansa de reventar, de llenarte de vida por todos lados, te explota los labios como granadas de septiembre y los destina a un goce amatorio de proporciones épicas. Pobre de mí y de todos los que hemos podido aspirarte el tufo de sudor, gobierno déspota y tiránico que te sale de las coyunturas, del bosque tropical colocado en tu entrepierna, de la inmensa llanura que es tu piel; tan suave, montaraz, cargada de constelaciones lunares. Estudio tu caminar de animal en cautiverio. El departamento te queda pequeño, traerte aquí ha sido como enjaular esperanzas aladas; sonríes de medio lado y escurres mi semen viejo por entre las piernas sólidas, quizá pensando en lo poco que te mojó esta vez. Toda tú eres invitación. Casa abierta, río templado, molusco oloroso, bola de algodón, semillas de girasol, boca de granada en septiembre, ¿para quién más, para quién?”

Los consejos que te di debieron nacer muertos.



Modelo: Aydeé Bravo
Foto y texto: Éric Marváz

febrero 27, 2014

Saudade (Capítulo XII: Odio)


Para: D. Rambo

Los que me conocen coinciden en que lo peor que me pudo pasar fuiste tú. Mi depresión congénita cree que sí.

Tiendo a ser un ermitaño, me duelo de la lástima que me dedican, de las palabras sabias de sabios que sabían repetidas en la voz de los que ignoran, y no saben lo que es haberte tenido; no me emborracho desde el viernes, apenas tengo hambre, por fortuna hay agua y cigarros. Duermo a la hora que sea y despierto en momentos en que sólo se escuchan los gatos, autos distantes, golpes en puertas huecas. Dejé de rasurarme. Detesto ver en el espejo al que te ha perdido, lo culpo de todo… y me pongo mal.

Quedaste por doquier, ¿por qué te abrí la puerta cuando llegaste, por qué no pude cerrarte las ventanas antes de que salieras?, a veces presiento que también puedo ser un hombre que odia.

Un día de estos, un día, voy a volver a la calle, al ruedo de vivir. No sé cuánto falte ni cómo voy a lograrlo, pero sé que saldré con la discreta esperanza de que nos reencontremos en algún bar.

Creo que puedo ser un hombre con tendencias al odio.

Modelo: Eva Bustani
Foto y texto: Marváz

enero 25, 2014

Saudade (Capítulo XI: Merde)

Porque aprendí a decir la palabra mierda en todos los idiomas, entre sueños y entre insomnios, desde la primera muesca que marcó la muerte en mi espalda; porque aprendí a dividirla en sílabas y pronunciarla con los dientes cerrados de ira, con un leve aletear de los labios en un a punto de llorar, con el amargo sabor del desamparo, con los brazos colgando sosteniendo derrotas que nunca se sobrepusieron. Me la aprendí con el aliento alcohólico, descubierto por la madrugada en una banca de no sé dónde, con el sonido burdo de las balas que aun no me tocan, en los lechos de mis desahuciados, bajo tu ignorancia metódica, con la botella de cerveza, entre los golpes ensañados, en lo que quise decir y me he callado, con la mirada ausente en recuerdos espinosos, en tus dos canciones y tu verso, en lo que pasó por tu cabeza la última vez que nos vimos, contra la fría desesperanza de tu traición, con la certeza de que todo irá perdiendo sus encantos, mientras la vida se esparce como un termómetro roto y yo espero (sumido) en otra noche que no acaba.

Y la mierda se ha instalado con los encabezados del día de hoy, con el escrito inconcluso y los libros que jamás publicaré, con las palabras atoradas en mis manos, con el aquí sin el ahora, con tu cuerpo a mi lado que no sabe quedarse conmigo.


Mierda, con esta soledad acompañada.



Texto: Marváz

septiembre 03, 2013

Saudade (Capítulo IX: Puta palabrita)

Se cae uno, dos, tres. Tréboles de una materia rasposa e indefinible. Soy quien soy, me lo demuestras con mis pobres letras, con el sexo insuficiente, con las luces moradas… y rojas, del mismo lugar “x”. Estoy. Me acuesto en el piso y llueve dentro, es un lacrimal eterno, eterno e incansable. Dudé de mi buena fortuna, lástima, me ha tocado perder en las suertes. Pero mi mano izquierda me dice que por ahí hay otro camino, ¡Ay, qué camino! Los alientos son un barranco de varios metros de desconsuelo.

Déjame rodar
tú y yo somos piedras
déjanos tocar el fondo
pero por favor
ni se te ocurra ésta misma pendiente.


La palabra saudade no debería existir: por salud mental.


Texto: Éric Marváz




julio 09, 2013

Saudade (Capítulo VII: Dogma)


Ahí está lo cotidiano, esperando, sentado en un sillón vencido de brocado café, manchado por el tiempo: raído. Uno se columpia en el almanaque, convencido de la certidumbre por largo tiempo, acomodado en una cierta compasión; hasta que se va. Y el sillón se rompe con un estruendo parecido a  un hueso roto, y la duela se hace añicos, la cortina se rasga, yo me apolillo.

No hay más todos los días.

Se acaba el vino guardado para la ocasión especial, saltan filosos segunderos sin orden, los libros gotean letras desde sus repisas, mi ropa es un cuerpo accidentado sobre la alfombra, los dedos un eclipse, una erupción. Extraño lo mismo de siempre. Los dogmas me resultaban tan cómodos como la almohada, ¡con lo que me costó amoldarla a las pesadillas nocturnas!

Suena otra vez a las mismas seis de la mañana, bebe a las once tu café, escribe las notas consabidas de media tarde, juega con el remoto de la televisión, despereza a los helechos al caer la noche. Por favor no dejes que se nos acomode la sorpresa, mi corazón no está preparado para los sobresaltos. Juguemos a que todo sigue normal.





Texto y foto: Marváz

junio 18, 2013

Saudade (Capítulo VI: Burbuja rota)


Reloj sin pila. 

Burbuja de cristal. 

Aislante de las noticias malas, de la televisión, de la delincuencia. 

Contenedor de risas, también de lágrimas, de gemidos. 

Trago de licor a las once de la mañana y el otro y el otro, después saltar un poco, desnudarse alegremente; bebernos de la boca, porque el mejor vaso eran tus labios. 

Y tu vientre el plato. 

Tu abdomen lleno de zarzamoras, o tu sexo, tu sexo de carcajada. Tu sexo de ven y sángrame, tu sexo de ven y santifícame, ven: bañémonos, ven y  bébeme. Tu sexo de bestia redimida.

¿Quién hubiera dicho que el universo era esa habitación?


Modelo: Dita R
Foto y texto: Marváz

febrero 27, 2013

68 (27-feb-2013)

Por Marváz




El cuerpo se bloquea.
Hay pesadillas de veinticuatro horas, con los ojos abiertos, con el corazón encabronado, con las sienes adoloridas de tanto apretar los dientes. Los oídos se niegan a escuchar, las palmas de las manos se duermen, la sangre.
Sostengo tu espalda cansada entre mis manos, tú vomitas dolorosamente; antes acaricié tu cabeza y tus manos, qué delgadas lucen, qué femeninas, qué lejanas, qué cálidas aun.
Voy a seguir en esta anestesia general, dormiré con los ojos bien abiertos, no quiero perderme ni un segundo de este puto sueño.
Los pocos santos que quedaban de pie se acaban de despedazar.
Voy lamentándolo.

enero 22, 2013

68 (23-ene-13)

Por Éric Marváz.

Es como un golpe en la nuca, me siento mareado y mal, los latidos del corazón son ofuscados y navegan en sentimientos encontrados. Tristeza, desazón, una rabia sorda y muda, estoy profundamente conmovido. Los cimientos se me sacuden, no sé qué hago  aquí. Me faltan las palabras, se me aglomeran en un líquido salado en la garganta. Todo sigue oscuro. La puta esperanza es un niño muerto envuelto en una cobijita blanca. Otra vez estoy llorando y nada más puedo hacer, ¿de dónde me detengo, cómo  me sostengo, con qué cara te voy a ver de nuevo? Los anhelos están desahuciados, los recuerdos se vuelven lacerantes, la misma rosa marchita se mete en mis sueños; esos sueños tan malva y violentos de los últimos días. Últimos, ya no volverán, se acaban como suspiros, como gotas de un grifo descompuesto, ¿se nos termina todo? Ya no vendrán esos años, ni tus manos finas y suaves; nuestra distancia se agrandará.
De nuevo aquí, sollozando como hace mucho no, sufriendo como hace mucho no, pensándote en la sala de espera tan fría y desolada, ¿qué putas hago, cómo lo asimilo, de dónde te sostengo y me sostengo? Sigo con mareos, con este imbecilísimo latir del corazón, con este respirar difícil, con la presión en la nuca de una mano invisible. No sé dónde estoy parado, no sé ni para que estoy, todo iba tan bien. Los castillos, esos de arena, se deshicieron ayer con el viento duro y errático, que me va desgastando la piel y me deja tirado en el piso de casa, no puedo pensar mucho, sólo tengo ganas de seguir llorando y quizá después dormir largamente, tanto como se pueda, despertar y descubrir que la pesadilla terminó. Quisiera eso, pero nada se me cumplirá, porque soy el experto en desilusiones, el amuleto descompuesto, el quebrado; me acabo de romper. Y puta mala suerte, no quiero pegarme, deseo quedarme roto, despedazado.
Que nadie toque mi dolor: es mío.
Marváz

enero 15, 2013

68 (15-ene-13)



Por Éric Marváz.

Hablando de literatos.

Hace más de diez años, recorriendo la carretera hacia Xalapa, una luz roja me detuvo. Fue lo mejor. Los ojos me parpadeaban cada vez más lento, los hombros se me tensaban y el auto persistía en serpentear, desobedeciendo el camino. El parador (antros donde los camioneros se detienen a bañarse, comer algo, beber, dormir o coger) se llamaba “Rebeca”, eternizaré el nombre pues desconozco si sobrevive el lugar o Rebeca. Ese sitio, a las tres de la madrugada, me quitó del destino de no sé qué… o quizá me puso en él.

Decenas de ojos se volvieron hacia mí. Varias mujeres se acercaron a ofrecerme una silla en cualquier mesa. Dando las gracias a todas ellas, me dirigí a la que me pareció más triste del lugar, claro: era Rebeca. Ella era como un costal de mariposas, en cuando sonrió algunas escaparon, aunque el aliento de polvo colorido me denotó que también llevaba cadáveres dentro, sí, de inmediato imaginé coleópteros destrozados en su interior.

Podría hablarles durante días acerca de las horas que estuve con ella, de todo lo que me contó. Por ahora sólo les compartiré un texto que extrajo, escrito en un papel tan amarillo como sus dientes, de su regazo; habrá que decir que su pecho era firme, ostentoso, fiero y elegante. Ya les contaré más de ella, por ahora los dejo con un texto del escritor oaxaqueño que conocí ese día:


Mujeres de pueblo
casa de lodo
y pies de tierra.
Madres de los no nacidos
carne al portador
ojos negros de raza indefinida.
Como las mujeres de antes
en vestidos
                   cortos
pasados de moda.
Mujeres con olor a desvelo
a cigarro sin filtro
a tufo matutino
a alcohol barato
a semen seco
a sudor de hombres
que vienen de lejos
arrastrando historias como cadenas
almas penando
por familias que las esperan
con los brazos desiertos
de esposas que no saben
que ignoran
que en una veredita de tierra
está el Parador Rebeca
con sus luces rojas
parpadeantes
de estrella que se muere
como recuerdo
            que saca a flote
las cruces del camino
adornadas con flores plásticas
que se van destiñendo con el sol
y la lluvia
que aplaca
el polvo en que nos convertiremos
los que somos
volviéndonos un barro
pegajoso que se pega
en las suelas de los zapatos
y nos impide descansar en paz
forzándonos a andar
por los caminos que nadie
en vida
             o en su sano juicio
pensó en recorrer.

O. Parcero, (Oaxaca, 1920-1990).


enero 02, 2013

68 (2-ene-13)

La primera piedra.

 
 
Como sucede en cientos de casos: el cobarde no da la cara, se inventa una personalidad falsa, se esconde para tirar la piedra. La belleza, como todos sabemos, es un concepto abstracto en la mayoría de las veces. En el caso de Verónica Peregrina, la belleza es una armadura y carta de presentación; cualquiera que tenga un par de ojos puede verlo y apreciarlo. Lo único bueno es que la cobardía tiene un costo.
 
En mi caso específico, con la experiencia de haber podido trabajar con ella algunas veces, estoy plenamente seguro que es una mujer que detiene el aliento. La exquisitez de sus formas, su buena voluntad, su sencillez, su disposición para el trabajo y su inmejorable belleza, hacen de Verónica una modelo facilísima de fotografiar, ni siquiera hay que buscar un buen ángulo, tampoco empeñarse demasiado en el acomodo de las luces, en un maquillaje exagerado, ni artificio de ninguna especie.
 
Me siento plenamente orgulloso de contarla entre mis modelos.
 
Éric Marváz.
 
Pd. Creo que el tal fotógrafo es una mujer (u homosexual reprimido) que no puede competir con Verónica en ningún rubro, pobre de ella (o él) con su falsas percepciones.
 
Le dejo la foto del sujeto y su publicación en el muro de mi amiga, por si usted quiere pasar a saludarlo en feis:
 

 


 
hace meses te mande una solicitud de amistad pues coincidimos con algun contacto soy fotógrafo no radico aqui vivo en la ciudad de cambridge pero soy mexicano disculpa lo que te dire pero como tal me siento orgulloso de mi pais y me desespera el ver "modelos" que no cuidan en lo absoluto su apariencia si haces body paint deberias de cuidar mas tu cuerpo pues por eso aveces nuestras mexicanas hacen el ridiculo en ciertos eventos talvez pienses que idiota eres lo que importa es el arte claroooo pero se ve mejor en un buen lienzo que en uno "amorfo"sorry chica pero espero lo tomes en cuenta si en verdad amas el arte muchos diran nosotros apreciamos la belleza natural pero la bellaeza natural de una mujer no es ser anorexica ni pasada de peso pero bueno eso ya se trata de una buena reparticion genética como este no fue tu caso le deberias de echarle ganitas al gym tus para alguien que ha visto cientos de cuerpos bellos en vez de apreciar el arte en tus imagenes veo lo mal que lucen pues tu cuerpo noo es el indicado para este trabajo o bien sigue asistiendo a eventillos mediocre donde a cualquiera le parece increible
que verguenza coo mexicano tener modelos asi!!!

 

diciembre 26, 2012

68 (26-12-12)



Cuando uno habla de sexo, más aún, lo exhibe y lo lee; se empieza a creer que la libertad de expresión es una falacia.
Es visible que los programas gubernamentales acerca de la sexualidad humana van en un sentido equivocado, es exageradamente fácil encontrar a gente demasiado joven con situación de embarazo o enfermedades de transmisión sexual; no hablemos mucho de las mentes trastocadas por las perversidades más inenarrables (je). La editorial ha buscado desde sus inicios, desacralizar el tema del desnudo y lo que puede hacerse en ese estado. Insistimos que la “normalidad” en la mirada del espectador, del esposo, del transeúnte, del conductor y del que tenga ojos (aplicándose esta norma a la contraparte femenina), generará respeto y civilidad.
Buscamos la armonía en el ojo y el oído, el disfrute en los sentidos, la apreciación en la mente. Sin embargo nos han censurado en exposiciones que ya estaban instaladas, metro Polanco, nos cancelaron proyectos ya acordados, el señor Hidalgo de Injuve, nos cancelan cuentas en el feis, así como un sinfín de historias más, la más reciente: censurados en frecuencia modulada por decir al aire la palabra “imbécil”; es probable que alguien lo haya sentido como nombre propio.
Y en tanto el gobierno sigue conservando sus laureados kioscos de venta de periódicos, sus puestos de películas piratas y demás contaminación visual, sin la más mínima estética y respeto por los andantes y sus familias; además de su horrenda programación mediática en radio y teve. En cambio la iglesia sí que pone manos a la obra.
Coger o hacer el amor con todas las normas éticas es lo mismo. Todo está en el pornográfico ojo propio, ¿usted ya se revisó el suyo?
Columna: 68 (porque si le pongo 69 me censuran)
Por: Éric Marváz

febrero 07, 2012

Saudade (Capítulo III: Lamer el recuerdo)




El oleaje te ha acometido siempre,
tus caderas lo asimilaron desde que aprendiste a caminar, 
fue tan natural como la abertura en canal de tu sexo sangrante.

Octavio Parcero (Oaxaca, 1920-1990)






Derrocho palabras en cientos de cartas que no leerás, guardadas diligentemente en el espacio que han dejado tus libros, las dejo en el olvido después de meterlas en un sobre. En esencia todas dicen lo mismo: que no sé si te deseo más de lo que te amo. Aunque no escribo exactamente lo que pienso. No podrás leer ni una frase acerca de que me jodía la existencia el que nunca necesitaste una ventana para escapar, te bastaba con poner fija la mirada en cualquier objeto, por ahí salías volando como gaviota sostenida por quién sabe qué vientos. No pregunté por miedo a la respuesta, cada uno estamos claros de lo que no queremos saber o encontrar, evité a toda costa conocer el nombre del que te atormentaban las tardes a mi lado.
¿Recuerdas cómo era hacer el amor por la mañana o la tarde?
El sopor nos alcanzaba. En ti actuaba como un calmante que te ponía lánguida y silenciosa, en mí era una coraza de nostalgia. Por tu modo de mirar era seguro que no durarías aquí. En medio de oscuridades armo tu presencia en el sillón cercano al ventanal, bosquejo tu contorno con letras y símbolos extraños que no tienen, por el  momento, un significado. Después lamo los lugares donde estuviste. Colecciono cabellos que encuentro en los cepillos o el jabón, trato de preservar tu aroma en la ropa de cama, pero en lo que pongo mayor atención, es en no perder el dolor que eres capaz de producirme. Quiero que sigas doliendo, que me mates, que me hagas llorar.
Ese dolorcito persistente es muy parecido a tu compañía.


Modelo: Ana Paola
Foto y Texto: Éric Marváz


noviembre 01, 2011

Mis muertos


Soy la suma de mis muertos.

Y digo lo que me van dictando.

Los escucho entre sueños y los veo a través de un espejo líquido. Es rarísimo. Supongo que no se van por completo, andan danzando en un salón de paredes rojo quemado, alumbrados con ocotes incendiados, oliendo a resina por completo. Danzan contentos de no tener que estar aquí, alegres de ayudar a los que nos quedamos, echando jirones de suspiros, felices de que alguna vez estuvieron.

Yo estoy cierto de mi muertos.

Soy mis muertos.

Me disculpo ampliamente por haberles llorado tanto, también me disculpo por no poder prometerles que ya no lo haré. Y les agradezco la oportunidad de conocerlos encarnados, satisfechos y sonriendo, por haberme dejado escucharles la voz cuando vivos, por cuando les estreché la mano o los sujeté en un abrazo.

De todas las leyendas prefiero esas de que nos vamos a encontrar, que danzaremos y cantaremos eternamente. No importa el modo de reunión, así sea por la violencia mexicana. La cosa es estar en ese salón de paredes rojas, en la incorporeidad de lo indefinible, en los recuerdos que no se apagarán, los que brillan, los que alumbran.




Foto y Texto: Marváz








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