febrero 27, 2013

68 (27-feb-2013)

Por Marváz




El cuerpo se bloquea.
Hay pesadillas de veinticuatro horas, con los ojos abiertos, con el corazón encabronado, con las sienes adoloridas de tanto apretar los dientes. Los oídos se niegan a escuchar, las palmas de las manos se duermen, la sangre.
Sostengo tu espalda cansada entre mis manos, tú vomitas dolorosamente; antes acaricié tu cabeza y tus manos, qué delgadas lucen, qué femeninas, qué lejanas, qué cálidas aun.
Voy a seguir en esta anestesia general, dormiré con los ojos bien abiertos, no quiero perderme ni un segundo de este puto sueño.
Los pocos santos que quedaban de pie se acaban de despedazar.
Voy lamentándolo.

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