diciembre 03, 2015

Incólume...



Tengo un poco de dolor en los huesos.

A través de los años se comprende que uno no es de las aves que saben cruzar el pantano y salir incólumes, soy un pajarraco con huellas de mil batallas y lodo de todas las ciénagas por las que ha sobrevolado: casi sin plumas. No sé. Es probable que le perdí el miedo a la muerte y poco a poco le voy perdiendo la vocación… o viceversa. Son días extraños. El trago de licor pierde su consistencia y las contradicciones,  eso es como matarse en un accidente de avión sin haber dejado jamás el suelo. Aún quedan las palabras calibre cuarenta y cinco, disparadas a destajo entre furibundos cadáveres y gobiernos asesinos; amartillar y poner una lápida y otra bajo odios heredados de una raza que nació para extinguirse, después de acabar con el mundo. Se viene aquí con esperanza pero es difícil salir de un terreno lleno de minas y vallado con púas, si se logra escapar, no queda más que un cuerpo desollado que respira burbujas rojas y estertóreas. Es  mejor quedarse quieto, agazapado en un rincón, con la espalda pegada a la pared, intentando escuchar los murmullos de la habitación contigua, aspirando lentamente arena, acabándose la última vuelta del reloj.

     Inevitablemente voy comprendiendo a los homicidas de sí mismos.

Foto y texto: Marváz

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