Se cae uno, dos, tres. Tréboles de una materia rasposa e
indefinible. Soy quien soy, me lo demuestras con mis pobres letras, con el sexo
insuficiente, con las luces moradas… y rojas, del mismo lugar “x”. Estoy. Me
acuesto en el piso y llueve dentro, es un lacrimal eterno, eterno e incansable. Dudé de mi buena fortuna, lástima, me ha
tocado perder en las suertes. Pero mi mano izquierda me dice que por ahí hay otro
camino, ¡Ay, qué camino! Los alientos son un barranco de varios metros de
desconsuelo.
Déjame rodar
tú y yo somos piedras
déjanos tocar el fondo
pero por favor
ni se te ocurra ésta misma pendiente.
La palabra saudade no debería existir: por salud mental.
Texto: Éric Marváz
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