Llevo buscándote dos días con sus respectivas perras
solitarias noches de sombras y humo rancio con tristezas contenidas en los
pulmones y en las cabezas llenas de fantasías de hoy sí va a cambiar todo
porque ya nos lo merecemos y por fin le vamos a robar un ángel al cielo también llevo
buscándote desde que nací pero insisto en estas cortinas de terciopelo raído y
en putas que no llevan tu nombre con el mismo garbo de tus ojos profundos de te
voy a leer cada línea de tu mano poniendo especial atención en la de la vida que se interrumpe a tus cuarenta y cinco años aunque se vuelve a notar en un futuro que da tristeza
de lo arcaico que parece y me meto en este bar de tres letras que a mí como intento de decidor no me dan para
escribirte las cartas que quisiera ni la poesía más corta del mundo sosteniendo miradas torvas que me recorren la espalda y quizá se pregunten con lo que tienen detrás de los ojos de qué modo
podrían arrebatarme el fajo de billetes que saco cada vez que quiero comprar un
beso o un trago de alcohol adulterado sin suponer que no anhelo otra cosa que despertar sobre un colchón acartonado y extraño
pestilente y molesto con los resortes vencidos de tanto mover las caderas de
una y otra y otro y otro tratando de que esta noche yo sea el uno más un gemido de insatisfacción
expulsado al volver a una habitación de nuestra ex casa vacía que se niega a preservar tu recuerdo de ningún modo y eso que me empeño en
juntar los cabellos que has olvidado enredados en el peine o un olor de tu
entrepierna que no sé en qué cajón buscar y en el fondo de cada vaso de ron
barato que me macera las tripas y que va carcomiendo un hígado con el que te
amo y con el corazón y las manos y las baldosas y los parques públicos que se
vuelven atajo de gaviotas nocturnas.
Y sí
me voy perdiendo
como canto antiguo
que se sofoca.
Foto y texto: Marváz
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