Las fotos viejas.
I.
Al fondo del cajón, desteñidas, revolviéndose al
ritmo de antiguo deseo, del calor de tu vientre, María, de cada una de las
oraciones que ibas a parir; ¿qué necesidad de comerme? Es probable que estos días, y el futuro incierto, serían mucho más
fáciles sin haber conocido el olor húmedo de tu orgasmo.
II.
Te construí de palabras. Las más soeces te las
dejé colocadas dentro, partiéndote de raíz, doliéndote en el recto, en la
penetración más ruda de mi mano completa; con líneas de la vida, del dinero, de
las mujeres, de lo que iba a perder; tu mente quería más y el sexo te dolía.
Sácala cabrón, pensabas, y la traidora de tu cadera se movía: tragándome.
III.
Quise ignorarte todo septiembre en los últimos
veinte años. Vuelves sobre mí gimiendo, así: con los santos de los últimos días,
así: diciendo Dios al momento del desborde, así: métemela, no dejes nada fuera,
chíngame, fóllame que no hay mañana, trátame como una puta, gózame… porque los
días se van. Porque después no queda más que el “hubiera sido”. Porque no
sabemos dónde estaré mañana, ni bajo qué lluvias, ni sobre qué cuerpo. Cógeme sin
miramientos, grábame en tu piel, apréndeme con las ganas. No sabemos nada,
amor, no sabemos nada.
IV.
Lamo tus fotos con frecuencia.
Foto y texto: Marváz

1 comentario:
sos un MONSTRUO de las palabras. me encantó. te seguiré.
y buenas fotos también.
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