abril 13, 2011

La pura vida

Fotógrafo desconocido
recuperación personal del archivo fotográfico familiar


A la izquierda de la virgen desgajada que me observa desde la repisa, con el reloj antiguo que quisiera fuera herencia de mi padre, tratando de sacarle algún lamento a este teclado al que no le funciona la n. Son claras mis deficiencias, la armadura agrietada. Yo tengo ya mis varios muertos. Sólo pienso en las calles oscurecidas de mis retornos, cuando deseo que la avenida no tenga fin, y que los pasos no sean sinónimos de tiempo que gasto. ¿Quién soy, a dónde llegaré? Dos pasos bajo la luz mortecina de un sol al otro lado del mundo, un paso atrás iluminado de ese halo exótico del neón en las marquesinas. Ando. Alguien más se sube a uno de los endebles suenos que se van fortaleciendo, no debo resbalar, hay que apoyar sobre una rodilla, ceder el hombro y aguantar, intentar ser mármol (aunque pulse, aunque sea de sangre, aunque detenga un sollozo y derrame una gota de sal por dentro). Siempre ha estado abierta la noche, esperándome para un abrazo nostálgico, acompanándome en el sentido ecléctico de debes hacer algo por tus deudas de otras vidas. Tengo a mis varios dolorosos muertos. Soy madera oscura que está lista para limarle las asperezas, quizá con un buen ebanista el ataúd logre contener los restos que se me pudren, y no debo confundirlo con otra cosa que no sea un nacimiento; pues todo final va principiando y viceversa. Soy los varios dolorosos muertos sobre mi espalda. Raíz que no sabe que la tierra es portadora de mi carne, ignorante del poder salvaje de la naturaleza que nos ha de sobrevivir muy a nuestro pesar, aullante enardecido por esa ignorancia y por ese salvajismo de darle la vuelta a la próxima esquina y regresar. La vuelta a tantos dolorosos muertos en mi espalda rota. Especialista en vírgenes madreadas, en noches sin dormir, en olvidar mi casa abierta y ordenada, en desordenar mi habitación cerrada para sentirme otro al despertar, en retorcer el reloj pensando que es herencia de mi madre, en armar mares internos de oleajes salados, en pensar que puedo sobrevivir. Quiero ser la vuelta de varios dolorosos muertos en mi espalda rota en dos:

quien soy y quien no,
quien va y quien jamás llega.



Recuperación fotográfica y texto: Marváz


2 comentarios:

J. K' dijo...

Una recuperacion de la actividad mnèsica que esta arraigada en el imaginario conciencial del individuo, siempre va a dejar la huella inclemente de las emociones involucradas en un icono como el que presentas.

Aqui la invitaciòn al juego emocional es tautológico.


¿Quién soy, a dónde llegaré?

A la izquierda el icono prohibido... asi empiezas rompiedo el esquema del corazon desgajado.

A ESTE TECLADO DE MAÑA A, TAMPO ADO EN LA RESOLA A DE LA MEMORIA DEL RELOJ DE ARE A, TAMPOCO LE FUNCI A, LA "E E".

- Asì los pasos (e lus mortecina) van contando muertos a medida que pasa el tiempo.
Los muertos son esa madeja que liman las asperezas de los vivos.

Habrìa que llamar a un buen ebanista para ocultar la desmemoria que trajo la foto que nos muestras. Raíz que no sabe que la tierra es portadora de mi carne, especialista en vírge es madreadas de mil oches e vela,

sigue dañada la e e, e este teclado.

EXCELENTE EJERCICO DE JUGAR CON LOS ANCESTROS Y LAS EMOCIONES.

Shang Yue dijo...

las fotografías de mi memoria no ocultan tantos muertos, aunque de ataúdes he conocido a unos cuantos

nunca fueron míos pero se quedaron muy dentro, arañando en la madera

...

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