noviembre 02, 2016

Dignidad...


El destello áureo evoca épocas de bronce, la suavidad es notoria sin recurrir al tacto, también hay un olor incontrolable. El pequeño paso del día le ha impreso la huella inconfundible, el perfume de la orquídea, el camino para el depredador. 

Hay una luz que parpadea sobre su cabeza. 

Ella amanece cada día con un gesto adusto pero no engaña a nadie, el tufo del deseo la delata. Parece hosca, lodo endurecido en su estado bruto, hasta su reflejo en el cristal es más suave; se vuelve distante a la luz intermitente que le brilla en los descubiertos espacios de piel. 

Todos la vemos. 

Las miradas se le prenden del cuerpo igual que besos pequeños, es una estatua recubierta de saliva fina.

La diosa tiene adeptos, le rezan lujurias susurradas, piden algún milagro.

Yo le prendo un cirio de donde penden goterones congelados. Arcaicos. 

Modelo: Laura.
Foto y texto: Marváz.










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