Eramos trozos. Dejamos de comprender las cosas, las simples cosas. Despertar y mirarnos a través de las persianas de un hotel, yo afuera y tú pensando en lo que pudo ser; y lo que pudo ser deslizándose sobre una alfombra que apesta a humedad de amores terminados, enterrados, antiquísimos: idénticos a los rayones en la madera del ropero. No pudimos armarnos. Sabes que lo intentamos, pero era demasiado tarde. Tuvimos de testigos los fuegos fatuos que dejaron manchadas las sábanas con símbolos ininteligibles, lenguaje no comprendido por los que no se han quebrado alguna vez.
Dime cómo salimos de esto, dímelo con tu boca que nadie sabe en qué recuerdo se quedó.
Modelo: Ana.
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