Son demasiadas sensaciones.
Hace rato estuve bajo una lluvia
de flores moradas que la jacaranda se negaba a sostener, digamos que era el
paso siguiente de la vida, después las flores se convirtieron en lágrimas
torpes de lluvia desganada.
Horas atrás, idéntico a un
tétrico cuento mexicano, he transportado tu peso muerto en mi espalda, la
densidad de tu cuerpo... y eso no es poco. Recorrimos nueve estaciones, tú:
sabiendo que ya no eras y yo: fingiendo que no soy. Qué largo el camino y qué
corta la vida.
Te extrañaré, ya te digo; el día
de hoy he pedido más disculpas que gotas de agua, café, sal. Supe desde siempre
que éste momento, en que estamos o estoy o no, iba a llegar. Estamos conscientes
que eso, la densidad de tu cuerpo, dejará vacíos substanciales, brillantes como
un hoyo de sol en un cielo encapotado. Podríamos ponernos tristes, podríamos
decir que qué bueno que dejaste de sufrir, sin embargo hay corazones que no
responden a ningún tratamiento.
La manzana que rueda dentro del tren lleva una mordida en el costado, la joven mujer se bambolea llena de presentimientos, la eternidad viaja dentro de vagones desconocidos, la basura es una lápida compartida.
La manzana que rueda dentro del tren lleva una mordida en el costado, la joven mujer se bambolea llena de presentimientos, la eternidad viaja dentro de vagones desconocidos, la basura es una lápida compartida.
¿Qué cosa sigue mañana sin que estés?
Eso, hija, es una
pregunta abierta.
Texto y foto: Éric Marváz.
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