marzo 13, 2018

Eres agua, como dice tu madre.



Son demasiadas sensaciones.


Hace rato estuve bajo una lluvia de flores moradas que la jacaranda se negaba a sostener, digamos que era el paso siguiente de la vida, después las flores se convirtieron en lágrimas torpes de lluvia desganada.

Horas atrás, idéntico a un tétrico cuento mexicano, he transportado tu peso muerto en mi espalda, la densidad de tu cuerpo... y eso no es poco. Recorrimos nueve estaciones, tú: sabiendo que ya no eras y yo: fingiendo que no soy. Qué largo el camino y qué corta la vida.

Te extrañaré, ya te digo; el día de hoy he pedido más disculpas que gotas de agua, café, sal. Supe desde siempre que éste momento, en que estamos o estoy o no, iba a llegar. Estamos conscientes que eso, la densidad de tu cuerpo, dejará vacíos substanciales, brillantes como un hoyo de sol en un cielo encapotado. Podríamos ponernos tristes, podríamos decir que qué bueno que dejaste de sufrir, sin embargo hay corazones que no responden a ningún tratamiento. 

La manzana que rueda dentro del tren lleva una mordida en el costado, la joven mujer se bambolea llena de presentimientos, la eternidad viaja dentro de vagones desconocidos, la basura es una lápida compartida.

¿Qué cosa sigue mañana sin que estés? 

Eso, hija, es una pregunta abierta.




Texto y foto: Éric Marváz.

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